sábado, 31 de diciembre de 2011

En estos momentos en que las publicaciones de internet se copan de buenos deseos y cada conversación termina con un cliché de "feliz año nuevo" cada vez más exento de significado, no quiero perder el tiempo en hacer una sola reflexión acerca de este año que se acaba. También me niego a enviar felicitaciones generalizadas porque, seamos sinceros, pocos las merecen.

Así que feliz, MUY feliz 2012 a aquéllos que me habéis ayudado a sobrevivir a este pasado 2011, y a los anteriores. No sé qué haría sin vosotros.


Hope

lunes, 26 de diciembre de 2011

peli de la noche:
La red social
(The Social Network)





La Red Social,
es de esa clase de films que, para bien o para mal, no ha dejado a nadie indiferente. Tampoco es que sea de extrañar, puesto que esa misma reacción es la que provoca el fenómeno al que hace referencia: Facebook. Conocida precisamente al principio como "la película de Facebook", en un modo más bien despectivo, después de verla te das cuenta de que este término se le queda corto. Que trata sobre Zuckerberg y la creación de su aclamada red? por supuesto, pero decir que ésa es la quintaesencia de la película es erróneo.
La primera escena ya fragua el ambiente de lo que será el resto. Es una conversación entre Mark y su novia que tiene lugar en un bar lleno de gente, en la que se roban la palabra el uno al otro disparando comentarios igual de astutos. Termina con la ruptura de la pareja y ella haciendo una observación acerca de su opinión de sí mismo en relación con las chicas. Mark es un gilipollas, sí, pero no parece que lo haga de forma consciente, ni que sea su deseo herir a los que le rodean, es más bien un mecanismo de defensa construido a lo largo de años de marginación.
Hay bastante polémica acerca de el hecho de si Zuckerberg realmente robó la idea de Facebook. La película muestra el curso de las acciones legales de los hermanos Winklevoss, que afirman que su idea de la "Harvard Connection" fue la base de Facebook, y del amigo y socio de Mark, Eduardo Severin, que defiende que se le quitaron millones de dólares cuando sus acciones en la empresa fueron rebajadas. Zuckerberg niega haber robado la idea, alegando que su red social no contiene ninguna línea de código que contuviera la de los Winklevoss. La situación con Eduardo es bastante más personal y por tanto bastante más complicada. El guión tiene cuidado de presentar las tres historias sin pronunciarse en favor de ninguna. Aún así, cada uno que la vea se formará su opinión y es probable que la defienda.
La historia está contada de un modo no lineal alternándose entre la historia de cómo Facebook se creó y ganó fama y escenas de las declaraciones legales de Mark en preparación del juicio que le espera. Es una clásica historia de ascenso al poder a la americana, como tantas otras películas han contado antes, pero con la peculiaridad de que carece de final. Eso no significa que las últimas escenas del film sean insatisfactorias, si no que se hace ver que la historia continúa. El final aún no ha sido escrito.
Y hablando del final, hay una escena muy potente casi al terminar. Explicarla sería meter un tremendo spoiler, pero diré que cierra muy bien la película mientras deja ver que el tema de la moralidad de Mark tiene argumentos válidos en ambos lados. Aunque puede que demasiado tarde, apela a la honestidad del protagonista y hace sentir algo de simpatía por Zuckerberg.
En resumen, La Red Social es una historia bastante típica pero muy bien presentada, lo que la hace muy entretenida de ver.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Las aventuras del buen soldado Svejk



Las aventuras del buen soldado Svejk no se parece a ningún otro libro, ni siquiera a aquéllos que también versan sobre el tan explotado tema de la Primera Guerra Mundial. Éste posee una importante diferencia: es gracioso. Hilarante, de hecho, una novela anti-bélica que divaga acerca de el dominio del antiguo imperio Austro-Húngaro sin aproximarse en ningún momento al frente ruso. Hasek nos presenta la guerra como un evento absurdo, un colosal cúmulo de estupidez visto a través de los ojos de un estúpido humano.
El libro carece de una estructura nudo-trama-desenlace, es un enmarañado viaje por pequeñas historias en las que se encuentra el protagonista. Comienza con Svejk como ciudadano de Praga siendo llamado a las filas del ejército austro-húngaro al comienzo de la primera guerra mundial. Entonces es declarado "mentalmente deficiente", pero su condición no lo absuelve de seguir realizando servicios para la corona. Ésta no es la historia de la caída de un Imperio, si no una colección de anécdotas acerca de la armada austríaca y de la vida en una Praga en tiempos de guerra. Sigue al pequeño "héroe" a lo largo sus desventuras: un juicio por traición, encarcelado por idiotez, ser tratado de una falsa artritis, hacer de asistente de un capellán borracho o criar perros de falsa raza para luego venderlos.
Svejk tiene tendencia a malinterpretar las órdenes, o a interpretarlas demasiado al pie de la letra, de modo que en su intento de complacer a sus superiores termina haciéndolos enfurecer. Mientras tanto, en cada pequeña oportunidad que se le presenta, aprovecha para contar anécdotas que, aunque no tienen nada que ver, son tremendamente divertidas. Además, expresa su patriotismo con tal fervor que lleva a quienes le rodean a preguntarse si será idiota o un disidente.
Hasek deja al descubierto las ridiculeces de la vieja monarquía de los Habsburgo: las rivalidades étnicas, las burocracias interminables y el neopotismo crónico. Los altos cargos militares consisten en viejos seniles y vagos chupatintas que pasan más tiempo inculcando maneras a los soldados que trazando estrategias. El desfalco es el pan de cada día: todo el mundo roba, desde los militares que esconden dinero, los cocineras que se guardan trozos de carne para luego vender, hasta los trabajadores de la Cruz Roja desviando medicamentos y suministros. Mujeres santurronas sermonean a los jóvenes acerca de abstenerse de los placeres como el alcohol y el sexo, en las que podrían ser las últimas semanas de sus vidas, y los comandantes intentan convencer a los soldados del orgullo que supone morir por la patria.
Pero Svejk no es tan estúpido como deja ver. Es honesto, ingenuo, incompetente, pero quizá un poco más astuto de lo que parece. a lo largo de toda la novela nos deja con la duda de si es sólo un pobre bufón o un excelente actor. y es que a través de una serie de percances, meteduras de pata y estafas, parece estar siempre evitando el frente.
Hasek murió mientras escribía la novela, así que termina de forma brusca. Comparada con otra literatura más seria acerca de el conflicto, Las aventuras de el buen Soldado Svejk es una bocanada de aire fresco, una novela anti-bélica imprescindible. Con su simplicidad y originalidad, nos incita a no tomarnos el mundo demasiado en serio.
El libro fue prohibido en Checoslovaquia en 1925, y después en Polonia, Bulgaria... hasta que la traducción alemana se mandara quemar en 1933.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Sam and the sunset

ya es oficialmente invierno

martes, 20 de diciembre de 2011

Budapest: antes & ahora




















(dedicado a Juan, que pronto estará en casa)



domingo, 18 de diciembre de 2011

22/09/09

aquí ocurrió toda la magia

Galeras, 2008
peli de la tarde: El Grinch
(Dr Seuss' How the Grinch Stole Christmas)





Si hace una semana citaba Easy A como la excepción a las películas de instituto, el Grinch es lo propio a las navideñas. No nos engañemos, posee todos los ingrdientes principales: una población devota por la festividad,
casas adornadas con tantas luces que podrían ser visibles desde el espacio, villancicos, una niña adorable (Taylor Momsen, la punkarra Jenny Humpfrey de Gossip Girl, cuando el maquillaje aún dejaba ver el color de sus ojos) y un malo malísimo que termina por hacerse bueno gracias al amor. Ahora el reto está en saber combinar adecuadamente estos elementos.
La película está basada en el libro escrito por Dr Seuss en 1957 "Cómo el Grinch robó la Navidad". Hollywood llevaba años luchando por sus derechos, que el autor se negaba rotundamente a ceder, hasta su muerte en 1991. A partir de ahí, todo consistió en una serie de trámites y en el año 2000 vio la luz esta cinta.
Dentro de un copo de nieve se sitúa el pueblo de Villaquién, y sus habitantes, los Quién, adoran la Navidad. Todos excepto uno, el cínico y misántropo Grinch (Jim Carrey), que vive apartado en lo alto de una montaña con su perro Max como única compañía.
Cuando la pequeña Cindy Lou (Taylor) se entera de su existencia, se interesa por él, y comienza a investigar acerca de su pasado. Descubre que era un niño de inusual apariencia objeto de las burlas de todos, lo que lo llevó al aislamiento y la hostilidad, y a tener un corazón dos tallas menor. Emocionada por la historia, Cindy decide ir a buscarlo e intentar integrarlo en la sociedad, pero, como es de esperar, sus esfuerzos desembocan en una serie de catástrofes que están a punto de arruinar la gran fiesta navideña.

La película es un compendio de cálidos y anticuados valores familiares adornados con una increíble decoración, maquillaje y vestuario. Jim Carrey nos deleita con una virtuosísima actuación, muy en la línea de La Máscara, contorneando todo su cuerpo frenéticamente a pesar de el enorme y peludo traje verde que lo envuelve, poniendo un sinfín de voces divertidas y corriendo arriba y abajo de la pantalla con la energía de un niño de 6 años que haya tomado demasiada CocaCola. Además, los efectos visuales son otro punto a favor, transportando al espectador a ese mágico mundo que es Villaquien. Los escenarios son idílicos paisajes invernales, cubiertos del cielo al suelo por capas de suave nieve e infinitas luces de colores.
Como narrador, Anthony Hopkins (en la verisón original) resulta ideal para recitar los versos de la historia, y presentarnos al final su moraleja anti-consumista, aunque poco clarificada (es Hollywood, al fin y al cabo).

Excepto alguna trama argumental que en mi opinión sobra, como el triágulo amoroso ente el Grinch, la mujer del alcalde y el alcalde, y pese a la cantidad de clichés que presenta, es una película tremendamente entretenida perfecta para una hogareña sesión de cine con manta, sofá y un café calentito.


from dusk 'til summer

I'm a mountain that has been moved
I'm a river that is all dried up
I'm an ocean nothing floats on
I'm a sky that nothing wants to fly in
I'm a sun that doesn't burn hot
I'm a moon that never shows it's face
I'm a mouth that doesn't smile
I'm a word that no one ever wants to say.
(Brand New - Daisy)

sábado, 17 de diciembre de 2011

Noche cerrada, cegada por las luces de una ciudad que se negaba a dormir. Yo también me negué entonces. Cambié el horario de mi reloj hasta situarlo por debajo del ecuador, quizá engañase el tiempo haciéndole creer que había huido hasta Las Bahamas. Quizá.
Anduve atropellando hojas secas de otoño, cruzando sonrisas y roces de mano. Anduve hasta caer rendida frente al único bar, de entre cientos, en el que estabas tú.
Fue un cruce de miradas, de una punta a otra, con tus labios oscuros dejando escapar el humor de un cigarrillo. Ese fue tu primer y último golpe de la noche.
Mi copa tembló hasta hacerse añicos y mi pecho sufrió el dolor agudo del infarto. Cómo y por qué no llegué a saberlo.
La taquicardia no consiguió matarme, después de todo. Y eso que el primer impacto dejó a mi corazón exhausto, a punto de explotar con un sólo latido de más. Pero ese latido no llegó, de modo que todo estuvo en calma algunos segundos después. Probablemente suene estúpido pero lo cierto es que la muerte consiguió salvarme. Ese instante en que el mundo dejó de girar para mí, ese pálpito que no sucedió. Sólo me queda darte las gracias por haber concurrido el único bar, de entre cientos, en el que yo entré aquella noche vestida de día.

La taquicardia no consiguió matarme, me mató tu mirada.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Abrió los ojos y saludó al invierno. Había un deje de tristeza en sus palabras y sus pupilas parecían huecas, totalmente mundanas. El invierno se había colado por un resquicio de la ventana. No sólo se trata del frío que le atizaba la piel. Era ese aura blanquecina desperdigada por la habitación. Eran esas lágrimas quejumbrosas en el borde de su párpado. Era la ausencia.
Descubrió que la primavera había huido de los cuadros florales del salón, que los mirlos piaban un réquiem. Descubrió también que los edificios de enfrente se habían vestido de luto. El invierno, eso era el invierno en su retina.
Salió dejándose la desolación vigilando el piso. Huyó de si misma y se reunió en la memoria de la década anterior. Cuando el invierno era sinónimo de nieve y risa, respiración unísona e imperturbable. Ahora todo aquello le resultaba nimio y banal. ¿Despegó finalmente el avión dejándola en una tierra marchita por el paso del invierno?
No podía recordar la última vez que el llanto la acunó en la calidez del sofoco. La lluvia tenía miedo de caer y se retenía en el borde, dejándola a medias, en ascuas, sin tormenta, sin sol, sin emoción. Sin mimo por parte de nadie. Ni el aroma de la pasta al dente con hierba buena podía mecerla. El invierno devastaba su vitalidad dejándola sumida en la inercia de los segundos.
El paseo duró una eternidad y pronto se descubrió sola frente a la inmensidad del lago de su infancia. El que reunía a las familias en domingo y a los cisnes en días de sol. Ahora se cernía la niebla y la soledad. En ese momento ella fue el lago. Se hundió en la profundidad del lodo hasta ahogarse. No esperó que la primavera la socorriera, sabía que no lo haría. Y murió, dentro de sí misma murió. El réquiem de los pájaros cesó y ella despertó de nuevo en una habitación blanquecina con vistas a una ciudad sometida al invierno. Pero ya no dolía tanto.